Hoy pasé por la demolición. Está casi terminada; queda sólo el basamento (coronado de chapas protectoras como espinas) de los cinco pisos que vieron pasar casi un siglo, incluidos vos y yo.
Tenías razón: sobre el hombro indiferente de la mole impersonal que alguien plantó a su lado
(y que parece haber llegado justo a tiempo de escoltar la muerte) quedó la huella del color durazno que elegiste para el corredor de tu casa.
¡Ay, las coordenadas! ¡La geometría que voló a mis ojos para calcular aquel lugar que amamos!
Hoy en ese punto hay puro espacio, cielo virgen, miradas perdidas esperando el semáforo, nada.
Y aún estás allí conmigo, muerta de frío mirando las estrellas de la alineación como si de veras fueran a hacerle algo al mundo.
Aún estoy allí, en mi arrogancia veinteañera; la vista clavada sobre el río, un nudo de silencio en la garganta.
Estás ahí: corrida por la magia que tu corazón no se atrevía.
Aún me veo dejándote una y otra vez, volviendo siempre.
Fuimos ahí, más que en otras partes, vos y yo, tanto, que tal vez no imaginamos nunca, nosotros en otro lugar.
Por eso, ese nuevo punto que ganó el vacío se nos parece tanto. Está lleno del horror de no tener olvido.
Tenías razón: sobre el hombro indiferente de la mole impersonal que alguien plantó a su lado
(y que parece haber llegado justo a tiempo de escoltar la muerte) quedó la huella del color durazno que elegiste para el corredor de tu casa.
¡Ay, las coordenadas! ¡La geometría que voló a mis ojos para calcular aquel lugar que amamos!
Hoy en ese punto hay puro espacio, cielo virgen, miradas perdidas esperando el semáforo, nada.
Y aún estás allí conmigo, muerta de frío mirando las estrellas de la alineación como si de veras fueran a hacerle algo al mundo.
Aún estoy allí, en mi arrogancia veinteañera; la vista clavada sobre el río, un nudo de silencio en la garganta.
Estás ahí: corrida por la magia que tu corazón no se atrevía.
Aún me veo dejándote una y otra vez, volviendo siempre.
Fuimos ahí, más que en otras partes, vos y yo, tanto, que tal vez no imaginamos nunca, nosotros en otro lugar.
Por eso, ese nuevo punto que ganó el vacío se nos parece tanto. Está lleno del horror de no tener olvido.