No es un simple sentimiento, es nuestra verdad, nuestra alegría de cada día, eso que nos alienta cada mañana a levantarnos e ir al colegio, o estudiar, el hecho de que lo estamos haciendo por algo o alguien que amamos. Hubieron tiempos felices, tiempos donde el amor reinaba en todo mi pueblo, pero poco a poco, todo se fue oscureciendo, se torno a río turbio, en mi rostro no habitaba sonrisa alguna, solo lagrimas, lagrimas que lamentaban una perdida, una perdida que ni con lagrimas ni gritos era saciada.
Ahora no solo cargaba con un alma destruida, sino que mi corazón se había quedado solo, sin nada más.
Hoy, mi corazón sigue solo, y es así como quiero que este, solo, sin nada más, aunque me pida amor, yo, no puedo dárselo, ese corazón esta condenado a vivir solo, por no saber amar.